La Casa data de 1860, como reza la piedra labrada sobre la puerta de entrada. En diciembre de 2.000 compramos la que fuera Casa Parroquial del Valle de Reocín, y
comenzamos su restauración ayudados de nuestros familiares y amigos, creando
nuestro propio hogar, abierto a todos aquellos amigos que llegasen con la idea de
descansar y escapar de la rutina.
El resultado fue una casa llena de vida y color, cuyo secreto reside en el equilibrio
entre sus cuidados detalles y el respeto a la estructura de la casa tradicional
montañesa.
Nuestra personalidad invade La Cotía, haciendo de ella un espacio único en el que
nuestros huéspedes pueden perderse y descansar en plena naturaleza.
Un lugar con encanto, en una casa con historia y un jardín en el que escuchar el
silencio del campo.
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